Sin categoría

CUANDO LOS HOMBRES SE ACERCARON A LO PRIVADO: Algunas reflexiones desde la economía del cuidado en tiempos de cuarentena

“La tarea histórica de las mujeres ha sido la de reproducir la fuerza de trabajo –parir y criar a los futuros trabajadores–. Ahí está contenido el significado que ha tenido el sexo para las mujeres: ha sido siempre un trabajo”.
(Silvia Federeci)

Por: Fabiola Omonte Montero
Estos periodos de Coronavirus, más allá de habernos revelado de una forma fáctica la vulnerabilidad de los Estados, en cuanto a la existencia de sistemas precarios de Salud y los costos socio-económicos que están impactando en la vida cotidiana de las personas, nos enfrenta a reflexionar desde la perspectiva de género las consecuencias de las medidas asumidas por el Gobierno Central para contrarrestar la expansión de la Pandemia, en contraposición a la expansión de las desigualdades entre hombres y mujeres como otra Pandemia de expansión nacional.


En estos días nos invaden noticias de diferentes tipos y fuentes, nunca antes el internet y las redes sociales han parecido tan necesarias para sobrellevar los desolados días de confinamiento; y es así, con una taza de café en mano y sentada frente al computador que empiezan a aparecer las noticias del día, que resaltan a través de titulares y encabezados: “HOMBRES HACEN LAS COMPRAS EN ESTA CUARENTENA”, los hombres con listas de productos en mano están realizando compras en los mercados y centros de abastecimiento. Esta noticia termina recogiendo las percepciones de algunas caseritas en referencia a los hombres, sobre que “no saben hacer compras, se equivocan”, o como se escucha de una señora en plena faena de compras decir “ellos generalmente nunca han ido al mercado”; al respecto las reacciones en las redes sociales no se dejaron de esperar, sobre todo en sentido de burla acompañadas de memes que expresan el sentir, la opinión y el imaginario compartido de un grueso de la población boliviana de que los hombres están realizando “tareas exclusivas de mujeres”. Reacciones similares se produjeron por parte de los internautas por la medida de aislamiento asumida por el gobierno del vecino país del Perú, que dispuso que hasta el 10 de abril hombres y mujeres intercalarían los días para salir de su hogar y realizar compras.


La percepción y el nivel de valoración que la sociedad boliviana le otorga a los roles de cuidado de los niños/as, adultos mayores y personas con discapacidad o de las tareas domésticas de lavar, cocinar, planchar, ir al mercado, etc.; es un elemento muy importante que permite evaluar el carácter equitativo de una sociedad, particularmente en países con tradiciones históricas patriarcales como son las latinoamericanas.


Para darnos más luces al respecto, el Centro de Investigaciones de la Vicepresidencia (CIS) público una investigación titulada “Encuesta mundial de valores en Bolivia” el año 2017 que indaga en los valores, percepciones, y actitudes que asumen las/los bolivianas/os sobre diferentes aspectos, como la satisfacción con la vida, la participación, la confianza, tipos de creencias, etc. que permiten entender la idiosincrasia de las/los bolivianas/os arraigadas desde siempre principalmente por creencias culturales.


En el caso que nos interesa, sobre la valoración de la sociedad boliviana en los roles de género entre el ámbito público (el laboral) y privado (dentro del hogar y la familia), en la mencionada investigación prevalecen los siguientes criterios: “Cuando una madre trabaja, sus hijos sufren”, “Ser ama de casa es tan gratificante como trabajar afuera”, “Cuando una mujer gana más que su esposo, seguro tendrá problemas” y “Cuando el trabajo escasea, los hombres deberían tener más derecho que las mujeres”, destacando que fueron consultados para este estudio tanto hombres como mujeres. Son percepciones que nos revelan que las/los bolivianos/as desestiman que la mujer desarrolle roles en el ámbito público y, a su vez, están reforzando las obligaciones que estas ejercen en relación a las tareas del cuidado/domesticas dentro del ámbito privado.


Estas percepciones compartidas y vigentes, encubren un entramado de estereotipos o visiones colectivas del mundo sobre las que se basan las relaciones desiguales entre hombres y mujeres, que se producen y reproducen intergeneracionalmente gracias a los sistemas hegemónicos capitalista, patriarcal y colonialista.


Bajo estas lógicas, es de esperar las reacciones de burla hacia los hombres cuando empiezan a realizar compras en los mercados locales, y es por la falta de una actitud crítica y reflexiva, que muy pocos asumieron, que las tareas de cuidado/domesticas son responsabilidad de hombres, de mujeres y del Estado, porque al fin y al cabo todos necesitamos cuidados en algún momento de nuestra vida y de la que dependemos para el funcionamiento de la sociedad.


Desde la corriente feminista de la Economía del Cuidado se están interpelando estas concepciones tan arraigadas en nuestra sociedad, que no permiten evidenciar las implicancias en cuanto a la desvalorización económica del trabajo del cuidado/domestico, que se caracteriza por ser predominantemente no remunerado, es decir, que no se recibe ningún pago por realizarlo y que lo realizan exclusivamente las mujeres. Ojo que no se trata de exigir un pago por hacerlo, sino es el hecho de entender que es un trabajo que esta invisibilizado y oculto, se invierte tiempo, energía, psicológicamente también implica un vínculo afectivo, genera un valor económico que no es tomado en cuenta en el Producto Interno Bruto (PIB). Y sobre todo que es un trabajo tan importante para la sostenibilidad de la vida del ser humano, que se lo sigue considerando una externalidad fundamental para el desarrollo.


En estas últimas décadas, la lógica de funcionamiento de los roles ejercidos por las mujeres fueron sufriendo modificaciones trascendentales puesto que ya no solo están asumiendo roles en el ámbito privado, sino que además han incursionado en el ámbito público (considerado tradicionalmente como espacio propio de los hombres), debido principalmente a los cambios en las dinámicas de composición familiar ocurridos en los últimos años (aumento de familias de tipo monoparental, en el que las mujeres desempeñan como las principales jefas de hogar) y, sobre todo, como efecto del modelo económico que responde a un sistema capitalista explotador que requiere el aumento de mano de obra en el que las mujeres han ingresado para ocupar trabajos informales en condiciones precarias.


Estos trabajos informales implican graves y funestas consecuencias económicas y sociales para la vida de las mujeres, que no solo se traducen en asumir roles en lo privado, sino también, roles públicos cumpliendo dobles jornadas laborales que pasan desapercibidas, más aún cuando los Estados son conservadores y reproducen en su estructura un sistema de dominación patriarcal que los enceguece en tener una mirada de género y en la generación de políticas públicas para la equidad y la igualdad.


Todo esto que se arrastra, aun antes de la aparición de un Coronavirus, ahora recae de manera particular y con más fuerza en las mujeres, ampliando las brechas de género existente; primero, por la crisis sanitaria y del sistema de salud que las sobreexpone al contagio directo al virus, como es el caso de las mujeres que están ejerciendo servicios sociales y desempeñando oficios de policías, enfermeras, barrenderas, vendedoras en los mercados, etc. que no cuentan con adecuadas medidas de bioseguridad; en segundo lugar, por el aumento de la violencia de género e intrafamiliar que, desde el 22 de marzo al 3 de mayo, el Ministerio público registro 1370 casos correspondientes a delitos de violencia familiar y 94 casos de violación a niños, niñas y adolescentes; en tercer lugar, por la precarización laboral a la que se enfrentan al verse imposibilitadas de poder proveer económicamente a sus familias, debido al estado de confinamiento, y por haberse triplicado los trabajos de cuidado, en especial para las que son madres y que ahora tienen que ejercer de maestras debido a la suspensión de actividades escolares y, además, teniendo otra sobrecarga laboral con la implementación de la modalidad del teletrabajo.


Pensando en un escenario post cuarentena, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estima que en países como el nuestro el empleo informal perderá un 60% de sus ingresos, considerando que de cada 10 trabajadores informales 8 son mujeres, según datos de la fundación Jubileo, lo que aumentaría los niveles de pobreza de este sector, exponiéndolas a una mayor vulnerabilidad económica. Con todo esto, ¿será que el Estado es capaz de garantizar los derechos de las mujeres durante y después de la Pandemia? de la forma como lo va haciendo hasta ahora.
Dejo eso a su criterio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *